El topónimo de la localidad nos aproxima a sus primitivos orígenes y deriva del antiguo vocablo germánico burgs, introducido en la península a través del bajo latín medieval, que lo re-denomina burgus. Se atribuye a lugares que se desarrollaron en torno a torres o pequeñas fortificaciones y a los barrios que crecían fuera de las ciudades. Realmente, Burguillos de Toledo no comienza a “escribir” su propia historia hasta después de la reconquista de la ciudad de Toledo por Alfonso VI en el año 1085. Las primeras noticias tienen su origen en la repoblación del territorio circundante que había sido arrebatado a los árabes y que se llevó a cabo, principalmente, con mozárabes (siglos XII y XIII).
Este contingente es el que nos dejó la principal huella documental del primer asentamiento estable conocido con el nombre de Burguiellas, en el que se establecieron los nuevos pobladores de este lugar y sus alrededores. El documento más antiguo nos cita a Alfonso VI como poseedor de unas viñas en Sielma (Casa Meca) que finalmente cedió a la Catedral de Toledo.
La producción vinícola de la localidad le hizo acreedora del apelativo de “bodega de Toledo”, con el que se la conocía ya en el siglo XVI. Prácticamente no había otro cultivo en su término que no fuera el del viñedo; pero la razón del sobrenombre es que este vino tan apreciado se producía exclusivamente para ser vendido en la ciudad. Por eso estaba incluso exento de portazgo y por ese mismo motivo las bodegas y viñedos burguillanos donde se producían estos caldos formaban parte del patrimonio de ricos hacendados toledanos que disfrutaban así de ese privilegio tributario.

























